Un año da para mucho… (3ª parte)

25 02 2009

… La siguiente cita del CEV me la saltaré sobre todo porque no pude ir y no me gusta escribir cosas que no he vivido. Así que pasaré directamente a una de las experiencias más  llamativas que tuve en el 2008 en los circuitos: Las 24 Horas de Montmeló. Simplemente, impresionante. Lo cierto es que nunca nos había llamado mucho la atención, pero como iba a correr Silva, decidimos liarnos la manta a la cabeza, coger la tienda de campaña y hacernos 1400 km entre ida y vuelta. Como estábamos de vacaciones, salimos el jueves en lugar de el viernes para llegar a Barcelona por la tarde. Un avez allí, “acampamos” en el paddock y estuvimos cenando con Iván, con Luis Costa y Javi del Amor, que estaba recién llegado de Mugello, donde había estado rodando con el equipo de pruebas de Aprilia para desarrollar la RSV que debutará el domingo en Philip Island de la mano de Biaggi y Nakano.

 

Silva en los entrenamientos del viernes

Silva en los entrenamientos del viernes

 Ya el viernes, estuvimos matando el tiempo hasta que a primera hora de la tarde comenzó la acción. Tengo que decir que a pesar de estar muriendome de calor ( a las 4 de la tarde en pleno Julio y rodeado de asfalto y guardarailes, os lo podreis imaginar) me lo pase bastante bien viendo a toda esa gente, en su mayoría amateurs, luchar por rodar rápido pero sin adoptar demasiado reisgos para no finalizar su sueño antes de poder comenzarlo. Pocos minutos después, sufrí mi primer amago de infarto del verano. Os cuento. Estabamos apoyados en el muro entre la cuarta y la quinta curva del circuito. Por su parte, Silva estaba a punto de finalizar su tiempo de entreno y se dirigía ya a boxes para cederle la moto a Víctor Carrasco. A pesar de ser la vuelta de deceleración, la mayoría de los pilotos profesionales nunca van despacio. Cierto es que no van a tope, pero tampoco despacio. En ese momento, justo cuando estaba pasando por delante de nosotros, Iván dió un par de acelerones en vacío a la Ducati a la vez que sacaba la pierna de la estribera mientras nos miraba para saludarnos. Yo, que estaba haciendo fotos, sólo lo vi de refilón y pensé que se estaba cayendo. En ese micro-instante me dije a mi mismo: ¡¡no puede ser, les quedan aún 27 horas de moto y ya se va a caer!! En fin, que todo fue un error por mi parte. Acabada la sesión, lo comentaba con él y nos reiamos, pero os puedo asegurar que en el momento del “suceso” a mi casi se me sale el corazón por la boca.

  Una cosa que me impactó muchisimo fue ver las motos rodando por la noche. Es , sinceramente, una de las cosas más bonitas que he visto en las carreras. Los que no lo hayais vivido no podreis haceros una idea de lo que es ver la zona del estadio iluminada con la Luna llena justo encima.  Otra fue ver como en la segunda hora de carrera, uno de los equipos muy privados sufría una caída en la última curva. La moto quedó inutilizada, pero el piloto, demostrando una gran pasión, la levantó y la empujó a lo largo de todo el pit lane hasta llegar a su box. Eso es bastante emotivo, pero lo que sin duda me marcó fue que mientras iba empujando la moto y a medida que iba pasando por los respectivos boxes, la gente de los otros equipos salían para aplaudirle y animarle a que no se rindiese. En un mundo tan competitivo como éste, ver una muestra de compañerismo de ese calibre es, creedme, muy difícil y a su vez, digno de alabar.

   Pero no todo es tan bonito. También tuve que ver como algunos equipos tenían que abandonar a mitad de carrera entre las lagrimas de sus pilotos, mecánicos…  mostrando esta vez uno de los lados más amargos de las carreras. Ese en el que tras esforzarte y darlo todo para cumplir un sueño, tras prepararte durante todo un año, un engranaje de una caja de cambios lo arruina todo.


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